La música y sus efectos

Estudios recientes (y no tan recientes) aseguran que escuchar música clásica, en especial la obra de Wolfang Amadeus Mozart, durante el embarazo incrementa de manera exponencial las facultades de los bebés en el largo plazo. Esta afirmación es llamada entre los expertos “El efecto Mozart”. Quién le iba a decir al gran compositor que iba a tener la clave de la inteligencia humana entre sus notas.

En 1993 el profesor Don Campell, psicólogo, escritor y educador musical, realizó un estudio donde aseguraba que los niños, desde su etapa fetal, deben ser estimulados musicalmente por sus madres. Las ventajas que se obtenían de estas acciones eran la mejora de su crecimiento, su desarrollo intelectual, tanto físico como emocional y, sobre todo, su creatividad. Este estímulo debería prolongarse en el tiempo hasta la edad de los 5 años para formar a seres inteligentes pero además emocionalmente sanos.

10 años más tarde, en 2003, la revista Nature publicó una investigación de la Universidad de California que reforzaba la idea, concluyendo que sólo diez minutos de una sonata para piano de Mozart bastaban para mejorar el razonamiento espacial. Por su parte, el Ministerio de Investigación de Alemania, haciéndose eco de la noticia de Nature, determinó que escuchar a Mozart o cualquier tipo de música del agrado de uno, no hacía a una personas más inteligente, si bien aseguraba que la audición de música podría incrementar a largo plazo el coeficiente intelectual de un niño.

Desde Glibayi podemos concluir, dado que todos los estudios realizados hasta hoy no han sido contrastados y no tienen una base científica, que escuchar música es uno de los mayores placeres de la vida ya sea Mozart, Pablo Alborán o el mismísimo Mick Jagger con sus Rolling Stones.

En definitiva, una buena excusa para tomarte un “break” y escuchar a tu grupo favorito.

Si a ti te relaja y te despeja la mente, ¿por qué no va a provocar lo mismo al bebé que llevas dentro?

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